sábado, 13 de agosto de 2016

Música de Película

Los tiempos no están cambiando, los tiempos han cambiado. Y seguirán haciéndolo. La música ha perdido el soporte físico y los conciertos en directo están viendo cambiar su modelo con la implantación de los festivales y sus consecuencias en la viabilidad de las propias salas. Por el camino ha aparecido otra herramienta, relativamente vieja/nueva, con la que los artistas pueden explicarse en un formato audiovisual: el documental.
Hace años ya, algunos lanzamientos internacionales iban acompañados por los llamados EPK (Electronic Press Kit), una suerte de producto promocional que podía incluir fragmentos de entrevista, grabaciones sobre cómo se había hecho el disco, vídeos y los textos puramente laudatorios sobre el artista en cuestión. En la actualidad, los formatos audiovisuales son un soporte de sumo interés y los artistas internacionales han encontrado, concretamente en el documental, la manera de trasmitir su obra al mercado.
El halago y el contexto
En general, hay dos formas de abordar esta empresa. Una es la tradicional: el relato cronológico relleno de entrevistas más o menos apologéticas que repasa la vida y milagros de su protagonista y que suele tener mucha aceptación entre los fans. La otra, mucho más sutil, en ocasiones con más valor cinematográfico y siempre con más intención que la mera loa -que por supuesto se mantiene en el fondo del discurso-, consiste en buscar un enfoque que a grosso modo sitúe al artista en su contexto, explicando así mucho más que una colección de discos o de hechos.
Tomemos como ejemplo dos documentales realizados en España con esta intención. ‘Un lloc on caure mort’ [Un lugar donde caer muerto] es un documental que explica qué es el grupo Autodestrucció sin citar sus discos, analizando las contradicciones de su líder, Càndid, al intentar congeniar su espíritu punk con la paternidad y la vida familiar. Una historia eterna explicada a través de un grupo poco conocido.


El otro es ‘La Muerte en La Alcarria’, un excelente documental sobre el grupo de folk castellano Los Hermanos Cubero en el que no media palabra, sólo el paisaje reseco de la Alcarria como inmenso y desangelado decorado por el que pasean los hermanos, que de vez en cuando interpretan alguna de sus canciones. No hay en ninguno de los dos ni un solo dato, nadie dice lo buena que es la música de los protagonistas, nadie afirma el tópico de que “hay un antes y un después en mi vida tras escuchar la música de Fulanito”.


Sin embargo, en ambos casos el resultado es que se acrecientan los deseos de escuchar la música de los protagonistas porque alguien se ha tomado en serio tratar al artista como persona, como parte infinitesimal de un todo que casi todo lo explica.
Una ventana al público
Nos encontramos, pues, ante otro medio de promoción al que antes la industria no había prestado atención. El formato audiovisual -que puede incluir conciertos, canciones grabadas ex profeso, etc.- puede ayudar a los artistas no solo a promocionarse sino a explicarse, que es una forma mucho más profunda, productiva e interesante de promoción. Pueden tener vida independiente de los discos, aunque también pueden formar parte de su lanzamiento como una parte más de la oferta que realiza el artista.
No entremos en el debate sobre qué tipo de documental es mejor, pues en cada caso habrá una respuesta y cada artista se ajustará más o menos a un modelo o, argumento prosaico, el presupuesto determinará lo que es factible y lo que no. Si lo usamos con una intención promocional de perfil bajo, creo personalmente que la herramienta se mellará en poco tiempo; sin embargo, si es utilizada sin aplicar el piloto automático, los artistas saldrán ganando. Y con ellos, todos los demás, incluido el público.
Documentales del año:
  1. Amy
  2. Montage of Heck
  3. Daft Punk Unchained
  4. El camino más largo
  5. 000 días en la tierra

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